Ecuador
La Amazonía ecuatoriana — una de las regiones con mayor biodiversidad del mundo — atraviesa hoy una grave crisis. Aunque su extensión es menor que la de otros países amazónicos, la presión sobre el bosque es excepcionalmente alta. La deforestación continúa principalmente como resultado de la expansión agrícola, la extracción de recursos, la tala ilegal y la infraestructura petrolera.
Al mismo tiempo, aumenta la degradación del bosque — especialmente debido a incendios, sequías, tala selectiva y actividades extractivas. Estos procesos debilitan el ecosistema a largo plazo, incrementan su vulnerabilidad y ponen en riesgo no solo la biodiversidad única, sino también la vida de las comunidades indígenas que dependen directamente de la selva amazónica.
Consecuencias de la deforestación en la Amazonía ecuatoriana.
La deforestación y degradación de la selva amazónica en Ecuador tiene consecuencias profundas y duraderas que afectan no solo a la naturaleza, sino también a las personas y al equilibrio climático del planeta.
La selva pierde su capacidad de regular el clima y almacenar dióxido de carbono, lo que contribuye al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y al calentamiento global.
Ecuador, a pesar de su tamaño, alberga una de las mayores concentraciones de biodiversidad del mundo; la pérdida del bosque pone en peligro a miles de especies de plantas y animales, muchas de ellas endémicas.
La fragmentación del bosque debilita los ecosistemas y reduce su capacidad de regenerarse de forma natural.
Las comunidades indígenas amazónicas pierden acceso a sus territorios, recursos naturales y medios de vida tradicionales, poniendo en riesgo su cultura y su conocimiento ancestral.
La contaminación del suelo y del agua, especialmente en zonas afectadas por actividades extractivas, compromete la salud de las personas, los animales y la selva misma.
El aumento de incendios forestales y sequías prolongadas incrementa la vulnerabilidad del bosque y acelera su degradación.
A pesar de esta situación, la protección del bosque y la reforestación pueden marcar la diferencia. Cada área recuperada ayuda a fortalecer el ecosistema, proteger la biodiversidad y sostener a las comunidades que dependen directamente de la selva amazónica.